Un reciente estudio descubre el mecanismo por el cual estos animales desarrollan inmunidad al veneno usado para eliminarlos. El ser humano lleva más de un siglo luchando contra un pequeño animal, en una carrera armamentística en la que estábamos ganando. Pero las cosas se torcieron hace una década. En 2015 se marcó el mínimo histórico en los casos de malaria, una de las enfermedades que transmite el mosquito. Desde entonces, las cifras se han mantenido estables. Parte de esta inflexión se explica por el cambio climático, que ha llevado mosquitos portadores del parásito que causa esta enfermedad a nuevas latitudes. Pero también se ha consolidado una ventaja inesperada. Los insecticidas utilizados desde la década de los setenta para el control de mosquitos se han vuelto menos eficaces. Estos insectos están evolucionando para esquivarlos. Dos recientes estudios explican cómo.
Investigadores de la India han examinado los mecanismos de resistencia a la α-cipermetrina, un insecticida común en todo el mundo. En la zona, los mosquitos mostraban una tasa de mortandad del 97.9% ante los insecticidas, justo en el límite que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), inferior al 98%, para estudiar si se está desarrollando una resistencia. Es lo que hizo un equipo liderado por Sarita Kumar, profesora del departamento de Zoología de la Universidad de Nueva Delhi. “Los mosquitos que sobrevivieron a la exposición al insecticida mostraron un aumento en la actividad de las enzimas de desintoxicación”, explica Kumar en un intercambio de mensajes. Su análisis, que se publica esta semana en la revista Frontiers in Tropical Diseases, descubre el mecanismo mediante el cual los mosquitos están desarrollando su inmunidad.
“Cuando un insecticida entra en el cuerpo de un mosquito, activa un sistema de alarma celular. Esto desencadena una cascada de respuestas en las células del insecto e intensifica la producción de proteínas defensivas”, explica Kumar. El problema de usar todos los años el mismo tipo de insecticida es que sobreviven los ejemplares más resistentes, que son los que se reproducen y transfieren esa capacidad a las nuevas generaciones. Una tasa de supervivencia del 3% puede aumentar de forma exponencial en apenas unos años. Y esto no está sucediendo solo en la India, sino en todo el mundo. Estudios previos realizados en países como México, Ecuador, Perú y Colombia han reportado distintos niveles de resistencia a la α-cipermetrina. Los mosquitos se están adaptando a nuestros insecticidas, están aprendiendo a esquivarlos. Y solo ahora empezamos a entender cómo.
“Los mosquitos tienen ciclos de vida cortos y poblaciones numerosas, lo que permite que los rasgos beneficiosos se propaguen rápidamente cuando se utilizan siempre los mismos insecticidas”, explica Kumar. Tienen una capacidad de adaptación asombrosa y al depender para su supervivencia de los humanos, se adaptan rápidamente a nuestros cambios. El ejemplo más llamativo de esta capacidad se encuentra bajo tierra. En los poco más de 160 años que tiene el metro de Londres, ha surgido una nueva especie de mosquito hematófago. La nueva especie fue bautizada como Culex pipiens molestus. Sus parientes más cercanos, los mosquitos comunes o culex pipiens, hibernan con el frío y prefieren la sangre de los pájaros a aquella de las personas. Pero los molestus se reproducen durante todo el año, pues bajo tierra siempre hace calor, y se han especializado en la sangre humana. Un proceso similar se ha observado en el metro de Nueva York y en el de Moscú.
El mosquito muta para adaptarse a nuestras costumbres y el siguiente cambio se está produciendo ante nuestros ojos, en nuestros jardines. Otro estudio reciente, de la Universidad de Carolina del Norte, monitoreó la población local del mosquito tigre, desde 2016 a 2024. Y vio cómo estos empezaron a desarrollar mutaciones que les hicieron resistentes a los piretroides, otro tipo de insecticida. Hasta 2018 no empezaron a aparecer los primeros ejemplares resistentes. En 2024, el 39% de la población contenía una mutación genética que les ayudaba a anular los efectos del insecticida. Uno de los detalles más curiosos del estudio es la diferencia que se dio en ese porcentaje entre los mosquitos recolectados en barrios ricos y en barrios pobres. En aquellas zonas más pudientes (que presumiblemente, podían costearse más fácilmente una fumigación en el jardín), la resistencia era bastante más acusada que en aquellas más humildes. “Lo verdaderamente llamativo de este estudio no es tanto la velocidad de la evolución como el patrón en mosaico observado”, explica en un intercambio de mensajes Martha Burford Reiskind, bióloga de la Universidad de California y autora principal del estudio.
Burford explica que con esta información deberíamos empezar a ser más cautos con el uso que damos a los insecticidas. “Una de las principales implicaciones de este estudio es que los propietarios que fumigan para poder disfrutar de sus jardines y reducir los insectos que pican durante el día podrían estar contribuyendo al desarrollo de resistencia”, señala. “El problema es que necesitamos poblaciones de mosquitos susceptibles a los insecticidas en caso de que se produzca un brote de enfermedad”.
No solo los insecticidas están empezando a fallar, también hay señales que indican que los repelentes podrían perder su eficacia ante este molesto insecto. Un estudio, publicado en mayo en el Journal of Experimental Biology, sugiere que, al igual que los perros de Pavlov aprendieron a asociar el sonido de una campana con la comida, los mosquitos pueden aprender que la presencia de antimosquitos indica la posibilidad de beber sangre.
En el experimento, más del 60% de los insectos entrenados prefirieron piel tratada con DEET, un tipo de repelente, frente a piel limpia. Los bichos se basaron en ello en experiencias anteriores, recordando que este olor significa sangre fresca. Los autores del estudio hicieron hincapié en que estos resultados solo se dan en condiciones específicas de laboratorio. Es poco probable que los mosquitos salvajes modifiquen su respuesta basándose en experiencias previas, porque un mismo insecto suele encontrarse con diferentes repelentes durante su corta vida.
El experimento, sin embargo, sirve para explicar la asombrosa capacidad de adaptación y aprendizaje que tienen estos insectos. Para entender las poderosas armas que pueden desarrollar para continuar esta silenciosa guerra interespecies que llevamos librando durante siglos.
Fuente: elpais.com
Crédito de imagen: El País



