Un millar de hombres vestidos de jinete se citan en ciudades del norte mexicano para beber, bailar pegados y ligar. El fotógrafo Pablo Sáez y el escritor Guillermo Osorno recogen en un libro los entresijos de estas coloridas y sonadas fiestas de ‘cowboys’.

Son como oasis en medio del país, lejos de Ciudad de México, donde sí hay visibilidad LGTBIQ+.

Cada primavera, centenares de vaqueros peregrinan a varias ciudades del centro y el norte de México para participar en una convención de cowboys muy particular. Se baila, se come, se liga y se juega. El objetivo es conocer a otros hombres con los mismos intereses y aficiones, hacer amigos y, quién sabe, vivir una aventura de fin de semana o conocer al amor de sus vidas.

Las fiestas de vaqueros gais han proliferado en México y también en Estados Unidos como símbolo de identidad, resistencia y activismo. Osorno acudió en abril de 2025 a una de las mayores reuniones de cowboys gais, la que se celebra en Zacatecas.

Botas de piel de vaca, cocodrilo o avestruz; pantalones pitillo ajustados que resaltan la silueta, cinturones de piel de pitón, camisas con bordados propios de una vedete, sombreros de ala ancha de fieltro o palma… El look se repite, solo varía el color, la tela o el cuero, pero en esencia representa el prototipo del vaquero.

Se brinda con cerveza Tecate y caballitos de tequila, y se sale a bailar al ritmo de la banda, juntando caras, pechos y entrelazando piernas.

Los hombres pueden ser ellos mismos porque se sienten a salvo. Algunos son activistas que han luchado por sus derechos en zonas como Chihuahua, Zacatecas, Baja California o Juárez. Otros proceden de ciudades muy pequeñas y comunidades en las que no han salido del armario.

La celebración tuvo lugar en Zacatecas durante la Semana Santa. Un evento que dura tres o cuatro jornadas en las que hay música en vivo, se baila y se come. También se elige al Rostro Vaquero, que es un concurso de popularidad, no de belleza.

La música es una parte fundamental de estas fiestas. Se escucha cumbia sonidera y corridos norteños. Sus letras narran historias de amor, dramas y narcotráfico.

Los participantes adoptan la estética vaquera de sus padres y abuelos. Muchos pertenecen a familias del campo. Los verdaderos vaqueros provienen de Nueva España, es decir, la conquista de España en ese territorio la que dio lugar a los primeros ranchos ganaderos y a los jinetes que cuidaban las vacas.

La adopción de la estética no solo tiene que ver con recuperar su identidad. También encierra un punto fetichista, concede Osorno. Es un símbolo de fuerza, pasión y erotismo que desafía la idea del estereotipo exclusivamente heterosexual.

Mirar más allá de esa imagen exacerbada de masculinidad ha sido el objetivo de Osorno y Sáez al hacer las fotos. Descubrir a las personas que se esconden tras los tejanos y las botas de piel.


Fuente: elpais.com

Crédito de imagen: https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/BZO23ARFO5D7VP3NOHJ5HY27QQ.jpg?auth=c2a06491a9b767b5006df4c138bd2bf06bc233b9ff5ab73bc5ef19287cc1f368&width=1200