En la madrugada del 26 de julio, Luis, bombero novato de 25 años, se alza sobre el terreno de San Martín de Valdeiglesias, donde las llamas siguen devorando más de 77.000 hectáreas en la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha. Con la mascarilla bajada y una sonrisa tenue, mira al cielo y recuerda: “Qué bien hemos trabajado y qué efecto ha hecho”.
Durante su primer año con plaza fija, Luis ha enfrentado dos noches de combate en el área más afectada del municipio. Su turno nocturno comienza a las diez de la noche, cuando se equipa y se sube al camión con su retén de cinco compañeros. La coordinación es esencial: “No hay espacio para la conversación. Tienes que estar muy concentrado, escuchar las indicaciones de meteorología, de topografía… Tu cabeza va a 200 por hora”, explica.
El fuego, que ha consumido más de 77.000 hectáreas, exige una respuesta rápida y precisa. Luis describe la fatiga y la concentración que exige el trabajo: “Cuando tienes el infierno frente a ti, la mente se queda en blanco. Solo hay espacio para las órdenes y la acción”.
A pesar de la intensidad, Luis encuentra en el amanecer un momento de respiro. “Cuando sale el sol a las seis, sientes alegría. Al menos ves lo que has estado haciendo y no te tropiezas con todo”, comenta.
Con un sueldo de unos 35.000 euros brutos anuales, Luis combina su labor con trabajos de electricista, jardinero y músico. Su motivación proviene de la pasión por el campo y la vocación de bombero que lo impulsa a seguir adelante. “Espero dedicarme a esto toda la vida”, afirma.
Fuente: elpais.com
Crédito de imagen: El País



