La crisis por los exámenes de admisión alterados con IA en la universidad mexicana obliga a la reflexión sobre el espacio de la tecnología en la educación
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la más grande de América Latina por prestigio y cantidad de alumnos, atraviesa una de las crisis más profundas en su historia. El hallazgo de que un buen número de aspirantes de licenciatura utilizaron inteligencia artificial (IA) para mejorar su nota en el examen de admisión ha dado paso a una investigación interna sin precedentes. La institución pública celebró hace dos meses su prueba de ingreso, por primera vez, totalmente en línea. Tras la publicación de los resultados, ha quedado expuesto que el uso fraudulento de herramientas digitales ha sido significativo, hasta el punto de modificar notablemente la tendencia histórica de los resultados de la prueba en las carreras más demandadas.
Es grave que la UNAM solo revise las irregularidades en los resultados después de su publicación y cuando el debate ya está en las redes sociales. A pesar de que la institución ha argumentado que tomó medidas de protección digital para evitar la trampa —anuló el 2% de las pruebas—, los resultados finales mostraron una realidad que ya ha alcanzado a la academia en todo el mundo: la IA tiene un uso ubicuo en la vida de los estudiantes, para bien y para mal.
Para los mexicanos ha sido impactante ver expuesta la fragilidad de la que es considerada la máxima casa del conocimiento del país. Pese a que ninguna prueba es infalible, la introducción de nuevas tecnologías en el proceso de admisión de la UNAM debió ser medida, revisada y comprobada antes de su implementación. El fallo es mayúsculo y el episodio quedará para la historia.
Una comisión técnica ha hecho un análisis a posteriori del examen de 2026 ha llegado cuando la UNAM ya está desbordada ante la situación. El grupo de 16 académicos que lo integran tiene en sus manos la decisión sobre el futuro de 158.000 estudiantes que se presentaron al examen. Muchos de ellos con pocos recursos para seguir sus estudios o con escasas alternativas para desarrollar una carrera profesional. Ningún veredicto dejará satisfechos a todos. La decisión de implementar un examen de control entre aquellos que obtuvieron las notas más altas resarce parcialmente el fiasco de la primera prueba, mas no aclara del todo el panorama para los aspirantes. La universidad ha abierto un ciclo de incertidumbre que afecta la vida de miles de personas y la credibilidad de la institución.
La universidad debe presentar con transparencia los incidentes, mostrar cómo han afectado los resultados, y señalar a los responsables. La crisis también invita a una oportunidad para entender cómo la IA está cambiando el entorno académico y establecer medidas claras sobre su uso. El caso sentará un precedente para decenas de instituciones educativas que miran a la UNAM como una base ejemplar para las escuelas de educación superior.
Fuente: elpais.com
Crédito de imagen: El País



