En agosto, la oficina se vuelve un refugio de tranquilidad. Menos reuniones, jefes de vacaciones y horarios flexibles hacen que el trabajo sea más ligero y productivo.
Los empleados disfrutan de jornadas partidas, menos tráfico y un ambiente más relajado que fomenta el compañerismo.
Estudios señalan que la flexibilidad laboral tras la pandemia ha impulsado la desestacionalización del turismo y, por extensión, la productividad en la oficina durante el verano.
Algunos profesionales, como María Torralba y Gonzalo Aguirre, destacan cómo la ausencia de supervisión directa permite una mayor autonomía y creatividad.
Sin embargo, expertos como Mar Cabra advierten que la productividad no debe sacrificarse y que la reflexión sobre la carga laboral es clave para aprovechar el verano como oportunidad de mejora.
Fuente: elpais.com



