Desde la captura y extracción de Nicolás Maduro a comienzos de enero, Washington asumió un tutelaje directo sobre la transición del poder en Venezuela.
La Casa Blanca impuso una estrategia de transición articulada en una hoja de ruta gradual y flexible de tres etapas: estabilización, recuperación y transición.
En esa estrategia, la democratización quedó subordinada primero al logro del control político interno y luego a la reactivación económica, con acceso preferencial de empresas estadounidenses al mercado venezolano.
Delcy Rodríguez desempeña el papel de figura operativa a la cabeza del proceso de transición bajo la supervisión directa de Washington.
Las conversaciones directas entre representantes de la Casa Blanca y Miraflores han avanzado en torno a metas verificables definidas por Washington y acordadas con el interinato.
El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que el incumplimiento de compromisos podría acarrear consecuencias económicas y políticas e incluso reabrir la posibilidad del uso de la fuerza.
Durante las primeras semanas del nuevo gobierno de Trump, el presidente envió a Richard Grenell a Caracas para negociar la liberación de estadounidenses detenidos en Venezuela.
Fuente: elpais.com



