Este jueves Santa Marta dio los primeros pasos para volver a la normalidad, en su tercer día paralizada por el paro armado que decretaron las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada y que, dicen, levantarán a partir de este viernes. En el centro, algunos negocios abrieron tímidamente, con la puerta a medias y un ojo puesto en la esquina. Otras tiendas vendieron por las ventanas, sin dejar entrar a nadie. Volvieron a rodar, con relativa frecuencia, el transporte público.
“Esto es como tener casa por cárcel”, dice un mesero de un reconocido restaurante que deja entrar a sus comensales, por ahora, con prudencia. Esa reapertura a medias marca un gran alivio en el centro, especialmente en comparación con lo que se vive en el barrio Once de Noviembre, al nororiente de la ciudad.
Ahí, en una de las zonas comerciales populares de la ciudad de unos 600.000 habitantes, todo sigue cerrado este jueves. Sus habitantes dicen tener miedo, pero no solo por las amenazas de las ACSN que llevaron al paro, sino porque sienten que Abelardo de la Espriella les puso una lápida encima la noche del martes, cuando el presidente afirmó que esa zona era “algo así como el centro de operaciones” del grupo paramilitar.
El paro armado comenzó el lunes 21 de septiembre, tras la muerte de José Luis Pérez Villanueva, el Cholo, señalado como el segundo al mando de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, conocidas también como Los Pachenca. Según las autoridades, fue uno de los siete muertos de un operativo de la Policía Antinarcóticos en el que fueron capturadas tres más, en la zona rural y montañosa del distrito.
Ese mismo día comenzaron los bloqueos, como retaliación por el golpe. Y justo frente al Once de Noviembre, los ilegales le prendieron fuego a dos buses de transporte público y una tractomula a plena luz del día, para demostrar que las intimidaciones iban en serio. Uno de esos vehículos sigue arrumado a borde de carretera, a vista de todos, como una advertencia que no se va.
Ese mismo día, helicópteros y aviones Kfir de la Fuerza Pública empezaron a sobrevolar bajito. Mientras en tierra, las autodefensas se desplegaron a otros poblados de Santa Marta para intimidar a los comerciantes a cerrar sus negocios a la fuerza.
El presidente Abelardo de la Espriella ordenó la militarización de Santa Marta y anunció que viajaría a la ciudad para liderar las acciones del Gobierno y acompañar a la Fuerza Pública.
Fuente: elpais.com



