Cuatro policías intervinieron una camioneta Ford durante una madrugada de finales de agosto en Trujillo, capital de La Libertad. La operación, que parecía una redada de rutina, terminó con la muerte de la novia del ocupante, una amiga y dos guardaespaldas.

Los atacantes, vestidos con indumentaria similar a la de agentes policiales, se habían infiltrado en la camioneta y, con un arma con silenciador, acribillaron a las víctimas. No eran policías, sino cuatro delincuentes uniformados que acababan de secuestrar a Jenss Lara Tantaquilla, comerciante de oro.

Al día siguiente, la Policía presentó a cuatro jóvenes como los presuntos sicarios. Sin embargo, su baja estatura no coincide con la de los hombres que aparecen en las imágenes del secuestro, lo que genera sospechas sobre la rapidez con la que se mostraron resultados.

Treinta y seis horas después del cuádruple asesinato, Lara Tantaquilla recupera la libertad. El Gobierno de Keiko Fujimori anuncia su liberación y la presidenta felicita a la Policía por “su rápida respuesta”, pero esa versión queda desmentida poco después: la familia aseguró que había pagado el rescate, sin ninguna participación de las fuerzas del orden.

El caso destaca por su sofisticación y la posible participación de integrantes de la organización criminal “Los Pulpos”. Los especialistas señalan que las imágenes del ataque permiten advertir la existencia de una estructura con distintas funciones y un nivel importante de planificación.

Los Pulpos, que nacieron como un grupo familiar en la zona de Río Seco, distrito de El Porvenir, han evolucionado hacia estructuras complejas que combinan violencia, extorsión, control territorial, lavado de activos y empresas aparentemente legales.


Fuente: elpais.com