EL PAÍS entrevistó a migrantes de Cuba, Honduras, Brasil y Colombia que fueron trasladados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a destinos africanos como Esuatini, Liberia, República Centroafricana y Guinea Ecuatorial. Los vuelos, que parten de Texas o Luisiana, duran más de veinte horas y suelen hacer escala de repostaje en Senegal.
Los deportados no fueron informados del destino ni firmaron consentimiento. Muchos contaban con protecciones migratorias en EE. UU., como la suspensión de expulsión o la Convención contra la Tortura, pero fueron enviados a países donde carecen de estatus legal, identificación y acceso a servicios básicos. En prisiones de máxima seguridad y hoteles vigilados, los migrantes dependen de la ayuda de organizaciones humanitarias para obtener alimentos, medicinas y artículos de higiene.
Human Rights First y el Instituto para los Derechos Humanos y el Desarrollo en África (IHRDA) denuncian que los acuerdos bilaterales entre EE. UU. y al menos catorce naciones africanas son opacos y no garantizan la evaluación individualizada requerida por la normativa internacional. Según los datos recopilados, entre julio 2025 y agosto 2026 se confirmaron al menos 31 vuelos que trasladaron a 31 personas a doce países africanos.
Los testimonios revelan situaciones de abuso, falta de atención médica y la imposibilidad de regresar a sus países de origen o a EE. UU. Las autoridades estadounidenses, según los entrevistados, continúan utilizando estas deportaciones como herramienta para reducir la carga de casos de asilo, a pesar de las obligaciones internacionales que ello implica.
Fuente: elpais.com



