Los pueblos costeros venezolanos se aferran al mar después del terremoto del 24 de junio. La brisa y las olas han cambiado, y los habitantes tienen miedo de bañarse en la playa.
Las lanchas son el principal medio de comunicación entre los pueblos, pero tienen limitado el abastecimiento de combustible. La pesca también ha sido afectada por el cambio en el lecho marino.
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