El Mundial de 2026 ha sido testigo de una creciente diáspora futbolística: el 23 % de los jugadores compite por un país que no es su lugar de nacimiento. Entre ellos, 96 futbolistas nacidos en Francia han elegido representar a selecciones como Argelia, Senegal, Costa de Marfil y otras.

Francia, con su potente academia y ligas de alto nivel, se ha convertido en un semillero de talento para África francófona y el Caribe. La cifra de 96 jugadores equivale a casi cuatro plantillas completas.

El fenómeno no se limita a Francia. Países como los Países Bajos, Alemania, Inglaterra, Suecia, Bélgica y España también exportan talento, con 67, 50, 45, 37, 36 y 36 jugadores nacidos en sus territorios que juegan por selecciones extranjeras.

Las razones son múltiples: vínculos coloniales, vecindad, familias migrantes y refugiados. Ejemplos incluyen a los 25 curazoyanos nacidos en los Países Bajos y a los 77 % de la RD Congo que nacieron fuera, mayormente en Francia y Bélgica.

La tendencia ha crecido: 12 % en 2014, 17 % en 2018 y 23 % en 2026. Factores como la relajación de las normas de la FIFA y el aumento de la población migrante en la UE han impulsado este cambio.

Aunque la mayoría de los jugadores de alto valor siguen jugando por su país de nacimiento, la diáspora se observa con mayor frecuencia en la periferia de la distribución de talento. El caso de Antoine Semenyo, nacido en Inglaterra y jugando por Ghana, ilustra la complejidad de la identidad deportiva.


Fuente: elpais.com