El recién elegido presidente Abelardo de la Espriella se vio obligado a gestionar un terremoto que dejó casi 300 fallecidos y miles de desplazados en menos de tres días en el cargo.
Rechazó la ayuda de rescatistas internacionales y centralizó todas las comunicaciones sobre la emergencia, mientras movilizaba a su gabinete a las regiones más afectadas.
El mandatario también canceló la presencia de sus ministros en una cumbre empresarial en Cartagena y tomó la decisión de que todas las declaraciones sobre la crisis fueran controladas por él mismo.
La falta de coordinación con la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres y la ausencia de un gestor de desastres confiable generaron confusión y dudas sobre su liderazgo.
Fuente: elpais.com



