La ONG Heal Palestine y veteranos monitores de natación ponen en marcha estas clases para dar un respiro a pequeños especialmente traumatizados por meses de muerte y desplazamiento.

Ahmed al Masri cierra los ojos, se deja caer hacia atrás y flota. Un monitor permanece a su lado en una pequeña piscina que les cubre hasta la cintura y poco a poco lo suelta. Es la segunda clase de natación para este adolescente palestino de 14 años, que perdió su pierna derecha en julio de 2025 cuando salió a buscar comida para su familia en un momento en que el hambre golpeaba Gaza con tanta fuerza como los bombardeos israelíes.

“Soy feliz en el agua. Me siento cada vez más seguro y quiero seguir mejorando”, dice a este periódico desde Jan Yunis, en el sur de la Franja.


Fuente: elpais.com