La Alternativa para Alemania (AfD) se consolidó en Sajonia‑Anhalt con el 44 % del sufragio, convirtiéndose en la primera fuerza de extrema derecha en gobernar un estado alemán desde la Segunda Guerra Mundial. El partido, surgido durante la Gran Recesión, ha pasado de un euroescepticismo académico a un nacionalismo radical, manteniendo una postura anti‑islam y revisionista del pasado nazi.

AfD mantiene vínculos con el trumpismo estadounidense, populistas latinoamericanos como Jair Bolsonaro, Javier Milei y José Antonio Kast, y con figuras autoritarias de Rusia y China, sin buscar la moderación que han adoptado partidos afines en Francia e Italia. Estas alianzas le han permitido financiarse y difundir su mensaje a través de redes sociales, donde se ha detectado una mayor exposición de su contenido frente a otros partidos.

Expertos como Cas Mudde señalan que, a diferencia de Le Pen y Meloni, AfD no ha suavizado sus posiciones extremas, lo que le ha granjeado apoyo en el este de Alemania, donde la percepción de los “cordones sanitarios” y la política de la gran coalición (CDU‑SPD) genera descontento.


Fuente: elpais.com

Crédito de imagen: El País